El profeta y la sociedad de la confianza

 

بِسْمِ اللّهِ الرَّحْمَنِ الرَّحِيمِ 

اِنَّا عَرَضْنَا الْاَمَانَةَ عَلَى السَّمٰوَاتِ وَالْاَرْضِ وَالْجِبَالِ فَاَبَيْنَ اَنْ يَحْمِلْنَهَا وَاَشْفَقْنَ مِنْهَا وَحَمَلَهَا الْاِنْسَانُۜ اِنَّهُ كَانَ ظَلُوماً جَهُولاًۙ

¡Estimados hermanos!
Nuestro profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él) se dirigió un día a la gente de La Meca desde el monte Safa que se encuentra al lado de la Kaaba: “Si os dijera que detrás de ese valle hay un ejército esperando para atacaros, ¿me creeríais?”. La gente de La Meca, al unísono, respondió: “Sí, te creeríamos, pues tú eres una persona segura. Eres una persona en la que confiar. Eres un ejemplo de rectitud y lealtad. Nunca hemos oído una mentira de ti”. A ello, el Enviado de Alá dijo: “Yo os advierto de un castigo muy grande.” [1] Entonces invitó a toda la humanidad, representada por la gente de La Meca, a la fe. Los invitó a encontrar la fe y la seguridad, a encontrar refugio ante todo tipo de miedo y preocupación.
 
¡Hermanos míos!
Justo ahora estamos entrando en una nueva Semana del Sagrado Nacimiento en la que celebramos, según el calendario gregoriano, la llegada del Profeta a este mundo. La Semana del Sagrado Nacimiento es una semana que lleva celebrando la Presidencia de Asuntos Religiosos  por iniciativa propia desde 1989 con la máxima de comprender al Profeta (paz y bendiciones) a través de su recuerdo. Es una actividad centrada en el conocimiento y la cultura que nuestra nación y esta región han valorado siempre positivamente, una semana  que potencia el amor que se siente hacia nuestro profeta y ayuda a comprender todas esas cosas bellas que él le ofreció a la humanidad. Esta semana no se trata de una alternativa al mawlid que celebramos en base al calendario musulmán.
 
¡Apreciados hermanos!
Nuestro Señor prescribió en el Corán: “Propusimos la custodia de los cielos,  la tierra y las montañas, pero se negaron a hacerse cargo, tuvieron miedo. El hombre, en cambio, se hizo cargo.” [2]
 
¡Hermanos míos!
Tras la bendición de la fe, la mayor bendición con las que nos agració Alá es la seguridad. La confianza es una bendición. Nuestro Señor hizo custodiar la creación a los hombres y les ordenó construir un mundo seguro. Quiso que construyéramos un mundo en el que las personas confiaran entre sí, el vecino confiara en el vecino y el trabajador confiara en el empresario que le da trabajo. Es triste pero la humanidad no ha sabido defender con justicia esta custodia y vivimos una crisis en la que la seguridad está en juego a escala global. Sucesos que hacen temblar las relaciones entre personas y pueblos se repiten de forma continua. Cada día que pasa la relación de cada ser con sus homónimos y con la naturaleza se resquebraja más.
 
¡Hermanos míos!
Si miramos a nuestro alrededor podemos ver cómo nos enfrentamos a un entorno caótico y un panorama tremendo en el que reinan la inseguridad y el miedo. Se toman medidas de seguridad extremas para responder a esa necesidad imperiosa. Se movilizan todas las posibilidades que la tecnología nos ofrece.
Esta crisis de seguridad que asedia a todo el planeta ha alcanzado una magnitud tal que la seguridad de nuestro planeta, hogar de toda la humanidad, y su futuro corren grave peligro. El equilibrio de la naturaleza ha empezado a alterarse por culpa de la ambición sin límites de las personas.
 
Y con gran pesar debo admitir que la comunidad de creyentes no se protege a sí misma de todas esas cosas negativas que ocurren. Las tierras del islam, conocidas antaño como ‘el hogar de la paz y la seguridad’ están asoladas por la destrucción generada por guerras carentes de moral y reglas.
 
¡Hermanos míos!
Por todos estos motivos, la Presidencia de Asuntos Religiosos ha marcado como tema para la Semana del Sagrado Nacimiento de este 2017  “El profeta y la sociedad de la confianza”. A través de las actividades que se van a desarrollar, se intentará generar conciencia entre los fieles para volver a ser la comunidad segura del Profeta seguro y para que vuelva a ser identificada con la sociedad de la confianza. En estos días en los que la humanidad se dirige hacia una espiral de inseguridad, contribuirá a construir un mundo más seguro, sereno y habitable.
 
¡Apreciados hermanos!
El objetivo común de todos los profetas era el de dar a conocer y profesar la fe en el tawhid. Era el de asentar la fe en los corazones. Era el de llevar la fe en los corazones, las mentes, los pueblos, las ciudades y los países trayéndoles la paz y la seguridad. Era el de ofrecerles un pueblo sereno en el cual las vidas de las personas, sus creencias, su descendencia, sus propiedades y sus sensibilidades estuvieran seguras. Nuestro profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él), enviado a este mundo como una bendición, dedicó su vida a este objetivo. Él generó un vínculo muy estrecho entre la fe y la seguridad, entre el creyente y el ser alguien de confianza. Él mismo definió al creyente como “aquel en el cual las personas puedan sentirse seguras tanto por sus palabras como por sus actos” [3].
 
¡Hermanos míos!
Entre nuestro deberes como la comunidad del profeta de confianza que somos nos toca ser creyentes en los que se pueda confiar. Si nos convertimos en creyentes en los que todo el mundo pueda confiar, tanto la custodia como la protección de Alá estará con nosotros. Él nos protege de todo miedo, tristeza, preocupación y pena. Si somos creyentes de confianza, entonces podemos confiar en nuestro entorno. Si somos creyentes de confianza, entonces nuestros hogares, nuestros trabajos, nuestros barrios, nuestras ciudades, nuestro país y nuestro mundo estarán seguros. Un mundo seguro solo se puede lograr de la mano de creyentes y de gente en la que se pueda confiar. No nos olvidemos que la religión es seguridad y el creyente alguien en quien confiar. Los seres humanos son quienes custodian la humanidad.
 
¡Hermanos míos!
Tras estas reflexiones, les felicito esta Semana del Sagrado Nacimiento. Le pido a nuestro Señor que esta semana traiga muchas bendiciones a nuestro país y nación, a esta región y a toda la humanidad.
[1] A-Bujari, Tafsir, Shu’ara, 2; Muslim, ImAn, 355.
[2] Al-Ahzab, 33/72.
[3] Ahmad b. Hanbal, XI, 658.