Jutba del viernes: ponerse al lado del oprimido


وَلَا تَحْسَبَنَّ اللّٰهَ غَافِلًا عَمَّا يَعْمَلُ الظَّالِمُونَۜ اِنَّمَا يُؤَخِّرُهُمْ لِيَوْمٍ تَشْخَصُ ف۪يهِ الْاَبْصَارُۙ

 

قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّي اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ:

مَنْ رَأَى مِنْكُمْ مُنْكَرًا فَلْيُغَيِّرْهُ بِيَدِهِ فَإِنْ لَمْ يَسْتَطِعْ فَبِلِسَانِهِ

فَإِنْ لَمْ يَسْتَطِعْ فَبِقَلْبِهِ وَذَلِكَ أَضْعَفُ الإِيمَانِ

¡Tengan un buen viernes, estimados hermanos!
 
En la aleya que les acabo de recitar, nuestros Señor prescribe así: “No pienses [¡oh, Muhammad!] que Alá está distraído de lo que hacen los opresores. Él solo está tolerándolos hasta que llegue
el día en el que sus miradas quedarán paralizadas.” [1]
 
Y en el hadiz de nuestro profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él) que les he leído, éste nos dijo: “Quien de vosotros vea una mala acción, que intervenga con su mano, si no puede intervenir, que lo condene con su lengua, y si no pudiera con su lengua, entonces que lo desapruebe en su corazón, y esto es la mínima manifestación de la fe.” [2]
 
¡Estimados hermanos!
 
Por desgracia, hemos vuelto a celebrar unas fiestas en el mundo islámico sumidos en la tristeza. Nuestros corazones estaban tristes, nuestros ojos llorosos. No logramos sentir la alegría de las fiestas en lo más profundo de nuestros corazones. No pudimos experimentar en su totalidad la atmósfera espiritual del Hach. No pudimos saborear hasta la saciedad la emoción del sacrificio, pues disputas, violencias y conflictos por las tierras del islam siguen poniéndonos tristes a todos. Por otro lado, nuestros corazones sufren por las presiones, la crueldad, las atrocidades y las matanzas a las que se ven sometidos nuestros hermanos de Arakán. Los gritos de los inocentes y los oprimidos que se elevan hasta los cielos nos hieren en lo más profundo.
 
¡Apreciados hermanos!
 
Todas las injusticias, las acusaciones infundadas, la violencia y la opresión que sufren hoy en día los musulmanes nos afectan mucho. Sin embargo, mucho más doloroso es ver que gran parte de la humanidad se queda en silencio ante todos estos errores. Nos duele el silencio de las organizaciones cuya principal finalidad es la de prevenir la maldad, la crueldad y la injusticia en el mundo. Nos hiere que el mundo esté ciego y sordo ante los gritos que retumban en los cielos de los oprimidos y los inocentes. Se movilizan para rescatar a una ballena encallada en la playa mientras ignoran los cuerpos sin vida de niños que llegan a las costas. No afloran sentimientos ante las personas que pierden sus vidas por el hambre o el destierro forzado de sus hogares de gente, sin distinguir entre niños, mujeres y ancianos. Nos duele que otras regiones del mundo miren hacia otro lado ante las matanzas que sufren los musulmanes.
 
¡Estimados fieles!
 
Nuestra religión ve el asesino de una persona como el de toda la humanidad. Según nuestras creencias, el valor que tienen los seres humanos procede del mismo hecho de ser personas. Se merecen el respeto por ser aleyas de Alá. La vida, la fe, los bienes y el honor de las personas es intocable. Nadie puede verse privado de sus derechos y libertades a causa de sus creencias. Nadie puede ser expulsado de su hogar. Nadie puede verse sometido a la violencia y a la barbarie. Nuestra fe nos obliga a detener la opresión y a no quedarnos en silencio ante ella. Sea cual sea el motivo, nunca nadie pueda inclinarse ante el tirano. No se le puede dar la espalda al oprimido. Nuestro principio más básico al respecto procede de una advertencia de nuestro profeta (paz y bendiciones): “Si las personas ven un acto de crueldad y no hacen nada para detenerla, Alá les infligirá irremediablemente un castigo general a todos.” [3]
 
¡Apreciados hermanos!
 
Nuestra fe también requiere que nunca perdamos la esperanza. Nosotros creemos en que los tiranos recibirán el castigo que se merecen, tarde o temprano. Nosotros sabemos que todas estas cosas malas, naturalmente, llegarán un día a su fin. Basta con que nosotros, hijos de una nación que ha sido la esperanza de la humanidad a lo largo de la historia, sigamos ayudando al oprimido, al inocente y al necesitado con un espíritu de unidad. Pongámonos hoy al lado del oprimido y en contra del tirano, tal como siempre ha ocurrido en el pasado y sin distinguir entre lenguas, religiones, colores de piel y regiones del mundo. Opongámonos a todo tipo de crueldad con la convicción de que nuestro Señor será quien más nos ayude, aunque nos quedásemos solos. Aunque todas las fuerzas del mal se dirigieran hacia nosotros, defendamos siempre la verdad y los derechos con la convicción de que nuestra mayor fuerza proviene de las súplicas de los oprimidos. Nunca nos quedemos callados ante las injusticias. Tal como dice el hadiz “aquel que se muestre indiferente ante la situación de los musulmanes, no es de los suyos” [4] protejamos nuestra fraternidad. Compartamos con nuestros hermanos nuestras alegrías y tristezas, nuestra presencia y nuestra ausencia.
 
¡Estimados hermanos!
 
Acudan aquí y a esta hora de este bendito viernes abrámosle las manos a nuestro Señor y supliquémosle con nuestro corazón: “¡Oh Alá! ¡Dales Tu ayuda y Tu misericordia a nuestros hermanos que libran una lucha por la supervivencia en distintas partes del mundo! ¡Asístelos para que se liberen de sus problemas cuanto antes! ¡Oh Alá! ¡Concédeles bendiciones a todos nuestros hermanos que perdieron la vida en las matanzas de Arakán y en las de otras partes del mundo! ¡Concede una rápida recuperación a aquellos hermanos que han resultado heridos! ¡Oh Alá! ¡No prives a nuestra noble nación, conciencia de la humanidad, de Tu ayuda! ¡Dale a la humanidad y a todo el mundo islámico discernimiento, prudencia, bienestar y paz! ¡Oh Alá, reúnenos con los que hacen vivir la humanidad, no con los que la olvidan!
 
[1] Ibrahim, 14/42.
[2] Muslim, Iman, 78.               
[3] Abu Dawud, Al-Malahim, 17.   
[4] Tabarani, al-Mu’jamu’s-sa’ir, II, 131.