Mensaje del presidente de Asuntos Religiosos Görmez por las fiestas de ramadán…

 
En nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.
 
Nuestro país, nuestra nación y el mundo musulmán están viviendo ya la alegría y la felicidad de una nuevas fiestas tras el fin de ramadán, época de bendiciones, perdón y purificación. Alabado sea eternamente Allah.
 
Las festividades son momentos únicos que nos llevan hacia el futuro y hacen que los musulmanes perduremos en la historia. Las fiestas, como una escena que representa la hermandad de fe, son una tradición religiosa que mantiene firme nuestra conciencia de permanecer como musulmanes. También son momentos divinos del tiempo en el que el tiempo y los lugares se transforman invadidos por la alegría que impregna aquellos corazones tristes y traen, como oleadas de viento, emociones y paz. Esa emoción aumenta con los takbir de la oración del alba y se extiende de corazón en corazón y de casa en casa, inunda las calles y las plazas y las caras y las voces de las creyentes se inundan de vida. Las fiestas no son vacaciones normales que llegan cada año sino días de solidaridad en los que se experimentan todas las bellezas humanas e islámicas, se exhiben los mejores ejemplos de unidad,  fraternidad, amor y respeto y todos los sectores de la sociedad se mezclan entre ellos. Las fiestas son días en los que debemos brindar por la felicidad, la alegría y las buenas noticias.
 
Sin embargo, vemos con tristeza que, a pesar de que Allah así lo ha hecho merecer, hay hermanos en muchas villas del Islam que no pueden vivir las fiestas como debe ser aterrados por las guerras, la violencia y el terror. Incluso a lo largo de este sagrado mes hay muchas personas que han sido asesinadas por gente carente de humanidad y muchos niños que han muerto sin poder disfrutar de las fiestas. Hay madres cuyos corazones han sido hechos pedazos por las bombas y padres que se han visto arrojados a la desesperación. Nosotros, que hemos podido empezar las fiestas rodeados de paz, esperanza y seguridad, debemos llevarles la alegría de las fiestas a aquellos que la están esperando, debemos sentir primero en nuestro interior la alegría de las fiestas con el takbir y la oración y, luego, hacérsela sentir de la forma más sincera y profunda a todos aquellos hermanos que han empezado las fiestas con dolor y lágrimas.
 
¡Hagamos que los obsequios que se entregan de casa en casa por las fiestas, sean de corazón en corazón! Hagamos felices a nuestros esposos y esposas junto a los que superamos las dificultades de la vida. Y, especialmente, no nos olvidemos de nuestros padres, razón de nuestra existencia, y oremos por ellos. Hagamos que nuestros niños, la alegría de nuestras casas, conozcan la emoción de este rito en el que sentimos un amor y una fraternidad envolvente. Reparemos aquellos corazones dañados que acuden a nosotros y abramos las puertas de nuestros corazones a todos aquellos invitados de Allah que se encuentran necesitados. Hagamos que los corazones de los refugiados, huérfanos, ancianos y discapacitados se impregnen de la atmósfera de estas fiestas y recordemos a todos nuestros hermanos que están en las cárceles, a los estudiantes, a los niños huérfanos que hay por las calles, a los pobres, a todos aquellos sin recursos que intentan vivir con dignidad, a todas las esposas e hijos de nuestros mártires que dieron sus vidas por nuestra nación, a todos aquellos que se vieron forzados a abandonar sus hogares, sus tierras y sus trabajos por culpa del terrorismo y a todos los que hayan sufrido daños materiales y espirituales. Reparemos los corazones dañados de todos aquellos hermanos heridos. Libremos los corazones de la carga más pesada, el rencor. Hagamos que aquellos que no pueden hacerlo, sí sientan las fiestas.
 
¡Y no nos olvidemos nunca de que nosotros somos la esperanza de la humanidad! No celebremos las fiestas en nuestro nombre sino en el de la humanidad. Hagamos que nuevas fiestas surjan de esta. Hagamos que nuestra alegría sea la fuente de nuevas alegrías. Que nuestra serenidad sea el remedio de la gente desesperada y que nuestra felicidad sea consuelo a los males de la familia de la humanidad. ¡Que tengan unas felices fiestas!
 
Y con estos pensamientos, les deseo de todo corazón unas muy felices fiestas de ramadán a nuestro país, a esta región del muno, a nuestros ciudadanos del extranjero y al mundo musulmán. Que Allah conceda muchas bendiciones a todos nuestros hermanos que han perdido la vida en los terribles atentados ocurridos recientemente y les doy mi pésame y les deseo paciencia y entereza a sus familias en duelo que sufren. Le suplico a Allah que la atmósfera de seguridad y bienestar que las fiestas traen a nuestro país sea permanente, que se edifique de nuevo un entorno de paz, serenidad y seguridad en todo el mundo musulmán que lleva ya varios años empezando las fiestas de forma trágica y que estas fiestas den paso a la paz, la tranquilidad y la justicia para toda la humanidad.